La niña de las uñas negras
Cap. 1: Nunca lo olvides
Cuando caía la noche me arreglaba para salir a una de esas fiestas de cabros chicos. De cabros chicos. Verdad. Tengo 15. Lo olvidaba. A veces siento que tengo 20 y puedo salir a correr por el universo sin necesidad de pedirle permiso a mis papás.
Mis papás son la raja en ese sentido. Aceptaron que fuera una lolita sin mucho ánimo, pero me compraron todo lo que necesito para que sea feliz: vestidos, sombreros, carteritas, muñequitas ... y los esmaltes de uña que le dan el toque a mi estilo medio otaku. Mi favorito es el negro.
El negro representa lo oscuro dentro de mi. Podré parecer una chica de 15, dulce e inocente, pero en el fondo creo que las ganas de infligir dolor a quienes me lo infieren a mi es mayor que mi razón. Por eso me pinto las uñas negras, para que toda esa parte oscura quede allí y pueda quitarla con quitaesmalte y algodón al final de cada día.
Creo que estoy un poco loca, pero es la forma de controlar mis instintos de tortura y dominación. Basta. Aleja esos pensamientos. Debes prepararte para la fiesta de cabros chicos, de la pendeja que cumple 15 hoy.
El tema de la fiesta de 15 son disfraces, y como mi apariencia natural pareciera que ando disfrazada, le daré un toque gore. En la carnicería de la esquina, el tío me regaló un frasco con sangre del último carnero que degollaron para dar de comer a la comunidad. Son unas bestias los carniceros, pero este pensó que era para un trago de esos que preparan mis padres y ni me preguntó para que lo quería, simplemente me lo dió.
Quiero que quede perfecta la sangre en este vestido que odio, el rosado pálido con azul, el que me hace parecer más dulce. Manché mis tirabuzones rucios en la sangre, me hice unas lindas lagrimas sangrientas y manché el vestido cuidadosamente. Mientras lo hacía pensaba en lo lindo que quedaría y como podría echarlo a la basura después. Como podría pisotearlo.
Pero lo que más entretención aba a mis pensamientos era el como reaccionarian mis compañeritos de curso, esos pesaditos del colegio pelolais al que iba obligada. ¿Se enojarían?¿Me dirían que soy más rara?¿Preguntarían si era sangre?¿Qué harían?
Sentí unos pasos y me preparé con una media sonrisa a lo que se venía.
- Hija, ¿estás lis........?
Mi mamá me
miró como si no me conociera y lanzó un grito. Mi padre subió corriendo y mi madre se acurrucó en el. El simplemente se rió. Estaba curado de espanto con lo que hacía.
- ¿Por qué gritaste, mami? ¿Te di susto?- pregunté con inocencia mientras terminaba de embadurnarme el vestido y la carterita. Creo que nunca había estado tan feliz de oírla gritar. Realmente la había horrorizado.
- Pensé que te estabas cortando las venas o algo, me asuste, pendeja tonta-dijo ella-avísame antes o algo.
- Sorry, mamá, es que estaba tan entretenida poniéndome este maquillaje que no te sentí. Discúlpame- mentí, poniendo cara de borrego degollado. Era lo que mejor sabía hacer y que funcionaba.
Mi padre tomó el frasco vacío y frunció el ceño.
-¿De dónde sacaste esto?
-¿Qué cosa, papi?-Ups, vio el frasco. Miré la muñeca que había terminado de embadurnar.
- La sangre
-Era sangre, querido, viste que esta niñita no tiene límites ...
- Cállate Cristina. Rocío, ¿quién te la dió?
- El carnicero- pensé, mientras decidía que lo mejor era no decir eso. Si quería otro efecto parecido para otra ocasión sería bueno volver a pedirla donde mismo, así que con mi voz igualmente dulce respondí- en la tienda de bromas del mall. Es un disfraz de lolita zombie, necesitaba sangre.¿Me ayudas a levantarme?
Alzé las manos, pero el no lo hizo inmediatamente. Dejó a mi madre y le susurró algo que la hizo salir de la pieza.
Mi papá me ayudó a levantarme y puso sus manos en mis hombros, obligándome a mirarlo a los ojos.
- Rocío, nunca lo olvides, eres una niña, no una chica grande que puede hacer lo que quiere. Primero el oso ... luego el hamster y - se calló un momento, recordando- ... Rocío, esto es sangre de broma, pero no lo parece. Quiero que te metas en la cabeza que eres una niña de 15 y debes comportarte como tal ¿estamos?
Yo le devolví la mirada lo más inocente que pude, pero por dentro me carcomía la rabia. El oso. Eso no había sido nada. El hamster. Odiaba ese ratón. Y la Pili .... eso también había sido su culpa. Me senté frente a mi tocador.
- Si, papá- dije tomando el esmalte negro- ya sé que soy una niña ... no lo olvidaré.
Y comencé a pintarme las uñas de mi mano derecha de color negro mientras mi padre me daba un beso en la frente y salía de la pieza.
Continuará ....
Milyflowers
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